El Gotthard Residents goza de una ubicación inmejorable, sobre la calle Pikk (Larga), que atraviesa Vanalinn, el magnífico casco antiguo amurallado de Tallin. Las casas de este sector, en su mayoría de miembros de la Liga Hanseática, datan de los ss. XV a XVI y han sido restauradas en distintas épocas. El edificio del Gotthard, de gran valor histórico y declarado monumento cultural por el Gobierno, es del siglo XIV y ha sido modificado en los posteriores, hasta su conversión en hotel hace unos 15 años. La fachada mantiene el diseño antiguo y en el interior se ven trozos de piedra y de tablones originales al descubierto. Las habitaciones del frente disfrutan de una espléndida vista: desde mi ventana, a la noche, si se pasan por alto algunos autos al final de la cuadra, el empedrado y los edificios con faroles hacen retroceder varios siglos. Las habitaciones son bastante pequeñas, al extremo de que no tienen placar: una especie de cómoda, con varios cajones, y un gancho con 2 o 3 perchas sueltas. Hay heladera, placa eléctrica, horno de microondas, jarra eléctrica y vajilla esencial. Los baños son impecables. Sería conveniente que el personal de limpieza dominara inglés básico, porque la gran mayoría de los huéspedes occidentales no hablamos estonio ni ruso (en mi caso, algunas palabras de ruso). El personal es amable. Y honesto, porque me avisó de un dinero que dejé olvidado. Es importante saber que no hay personal nocturno. Los precios son razonables, algo inferiores a los de establecimientos equivalentes en la zona. The Gotthard Residents has an unbeatable location on Pikk (Long) Street, which runs through Vanalinn, Tallinn's magnificent walled Old Town. The houses in this area, mostly belonging to members of the Hanseatic League, date from the 15th and 16th centuries and have been restored at various times. The Gotthard building, of great historical value and declared a cultural monument by the government, dates from the 14th century and has been modified over the centuries, until its conversion into a hotel about 15 years ago. The facade retains its original design, and inside, pieces of original stone and planks are exposed. The front rooms enjoy a splendid view: from my window at night, if I ignored the cars at the end of the block, the cobblestones and the buildings with their lanterns transported me back several centuries. The rooms are quite small, to the point that they don't even have closets: a chest of drawers and a hook with two or three loose hangers. There's a refrigerator, electric stovetop, microwave, electric kettle, and essential dishes. The bathrooms are spotless. It would be helpful if the cleaning staff spoke basic English, as the vast majority of Western guests don't speak Estonian or Russian (in my case, just a few words of Russian). The staff is friendly and honest, as they reminded me about some money I'd left behind. It's important to know that there's no night staff. The prices